La desorientación en el Alzheimer


LA DESORIENTACIÓN EN EL ALZHEIMER

Siempre que se habla de Alzheimer, sobre todo pensamos en la memoria, pero realmente son todas las capacidades cognitivas las que se ven afectadas en este tipo de demencia. En esta ocasión, voy a poner el foco en la Orientación Espacial y lo que implica en la vida diaria e incluso en la propia seguridad de una persona que tiene afectada esta capacidad.
            A lo largo de los años de evolución de la enfermedad, una forma ilustrativa y a grandes rasgos de ver el deterioro progresivo de esta orientación, puede ser la siguiente:

a)      Al principio una persona puede empezar teniendo dificultades para ser capaz de desplazarse en transporte público, por ejemplo, de un pueblo a otro o en la red de Metro.
En este momento ayuda mucho que la persona vaya con un teléfono móvil que sabrá utilizar más o menos bien de cara a estar en contacto con la familia. Además suele tener las habilidades sociales suficientes como para saber pedir ayuda a cualquiera.
b)      Si vive en un municipio grande, en una fase más avanzada se sentirá más cómodo en lo que podríamos llamar su “barrio de toda la vida”.
A partir de este momento, si ya es deficiente su capacidad para usar un móvil,  puede venir muy bien el uso de alguno de los distintos modelos que puede haber de localizadores. Éste es un dispositivo con conexión GPS que lleva el afectado encima y que, por ejemplo, su familiar puede ver en su teléfono móvil dónde se encuentra en todo momento. El objetivo del uso de estos aparatos es que la persona pueda seguir haciendo su vida lo más normal y autónoma posible, dentro de una seguridad y con la tranquilidad de sus familias.  
c)      A continuación podemos hablar de una etapa en la que salga a lugares muy cercanos a su portal. Por ejemplo, a tirar la basura, a la panadería o a un parque, que puede que ni siquiera haya que cruzar una calle. Tal vez en esta fase se haya confundido alguna vez al llamar a una puerta de un vecino en una planta que no es la suya.
Estamos en un momento en el que la persona puede tener dificultades para expresarse a la hora de pedir ayuda o decir la calle dónde vive.
En esta fase conviene que la persona lleve encima algún tipo de identificación como, por ejemplo, una pulsera dónde venga un número de teléfono de contacto.
Si no en fases anteriores, en esta etapa es esencial que las personas del barrio y vecinos, conozcan las limitaciones de la persona enferma, ya que en un momento dado pueden ser de gran ayuda de cara a prevenir un extravío.
Es muy traumático para todos tener que llegar a llamar a la Policía para dar el aviso de que una persona se ha perdido y no vuelve a su casa. Eso sin llegar a pensar en el triste desenlace que puede llegar a suponer si se alarga en horas o días.
d)     En una etapa en la que ya no sale sólo a la calle, podemos encontrarnos que tiene dificultades para orientarse en su propia casa, por ejemplo, a la hora de encontrar el cuarto de baño y lo que ello implica. Incluso en esta fase conviene prevenir, por ejemplo, que no abra la puerta de casa, se vaya solo y se pierda.
Para orientarles en casa se puede, por ejemplo, dejar la puerta abierta del baño para facilitar que lo encuentre y así prevenir “escapes” de orina por estar deambulando en busca del cuarto de baño por no recordar donde está. En algunos casos, gracias a esta medida tan sencilla, se pospone tener que utilizar pañales para adultos, cuando el motivo es la desorientación.    

Esta descripción está en un contexto de la vivienda habitual de una persona desde hace muchos años, pero en la práctica hay que tener en cuenta que la pérdida de autonomía se incrementaría bastante si hubiese un cambio de residencia a un lugar ya no tan conocido. Por ejemplo, es habitual, que en un momento dado, el enfermo se vaya a vivir a una o varias casas de sus hijos porque ya no puede vivir solo.

Resumiendo, todas estas pautas se dan con el objetivo de conseguir el, a veces difícil, equilibrio entre mantener la autonomía de la persona afectada el mayor tiempo posible y proteger su integridad física en un contexto de seguridad.

Carlos Fañanás
Psicólogo sanitario de AFAMSO

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